Pesca sostenible, ¿es posible?

No es descabellado pensar que los recursos pesqueros están en peligro. Según un artículo publicado por una prestigiosa revista científica, con el actual ritmo de pesca y, teniendo en cuenta la creciente demanda, en menos de 30 años podríamos agotar las pesquerías mundiales.

Imaginemos por un momento las consecuencias de este hecho: Además de las consecuencias ecológicas como la desaparición de la biodiversidad y la modificación del ecosistema marino. Se producirían consecuencias gravísimas sobre la economía mundial al desaparecer un sector que emplea a millones de personas en el mundo, por no hablar de la crisis alimentaria que produciría dejar de contar con ese recurso, otrora inagotable, que es el mar.

Pero, tal como se realiza hoy en día, ¿la pesca es sostenible?.

Debemos analizar el propio concepto de sostenible, como aquello que es perdurable en el tiempo puesto que no agota los recursos. ¿Es la pesca una actividad sostenible?.

En la UE, el sector emplea a 260.000 trabajadores en la pesca y más de 80.000 embarcaciones. Analizando los datos del sector, nos encontramos con algunas hechos preocupantes:

– En la UE se encuentran sobreexplotados el 80 % de los caladeros.

– En los últimos 20 años se han llevado a una situación crítica a numerosas especies muy abundantes en un pasado cercano. Atún, Mero, Bacalao, Pez espada, varias especies de tiburones, etc.

– Las técnicas de pesca, denominadas “destructivas”, tales como la pesca de arrastre, las redes de deriva o la pesca ilegal son altamente impactantes sobre el medio marino ya que son escasamente selectivas y capturan numerosos ejemplares de especies protegidas y en peligro. Asimismo las capturas accidentales y los descartes arrojan al mar cientos de miles de toneladas de peces, mamíferos y otros organismos marinos sin valor comercial o que no cumplen las características comerciales exigidas en cuanto a tamaño básicamente.

– En la Unión Europea, como consecuencia de la sobreexplotación de los caladeros la pesca está altamente subvencionada.  Estas ayudas van destinadas a la remodelación de flotas, compensación por paradas biológicas, por inclemencias del tiempo, etc.

– En la UE casi el 60 % de las recomendaciones científicas respecto a  restricción de capturas (total admisible de capturas) o especies a proteger, son sistemáticamente ignoradas por lo que la política europea de pesca (CFP por sus siglas en Inglés), está dominada únicamente por intereses económicos.

Con este desolador panorama podemos intuir que la pesca actualmente es de todo menos sostenible. Malos tiempos en los cuales las necesidades de beneficios a corto plazo para combatir la crisis se imponen sobre los criterios de sostenibilidad de un arte tan antigua como la humanidad.

Las consecuencias socioeconómicas de la mala situación del sector también son preocupantes. La subvención como única solución a la escasa rentabilidad de la actividad, la concentración de la pesca en grandes empresas con escasa creación de puestos de trabajo y el colapso de los caladeros locales están llevando a una crisis sin precedentes al pescador o pequeña empresa de pesca.

A este respecto, es reseñable la última decisión del Parlamento Europeo en relación al caladero de Marruecos y la no renovación del acuerdo UE y Marruecos para la explotación del mismo. Las razones argumentadas son la sobreexplotación del caladero y el escaso beneficio que el caladero dejaba en el sáhara Occidental (¿quién se llevaría los 36 millones de €?…).

¿Cuál es el futuro de la pesca entonces?, obviamente las presiones sobre el sector son importantes. La creciente demanda de alimentos para una población mundial creciente, la demanda a la carta de determinadas especies impuesta por los mercados cuyo único interés es el mayor beneficio, la crisis económica y el desempleo, etc. Pero entonces ¿qué se puede hacer?

La futura Política Europea sobre Pesca deberá introducir reformas que aseguren la sostenibilidad del sector. Algunas pueden ser el fomento de artes de pesca artesanales en detrimento de la pesca industrial, la desaparición de los descartes y su contabilización en las cuotas y el estricto seguimiento de las recomendaciones científicas en la gestión de los caladeros pueden ser algunas de las medidas a tomar.

Otras cuestiones como el desarrollo de una acuicultura respetuosa con el medio ambiente o la introducción comercial de otras especies (solamente consumimos un 10 % de las especies existentes en el mar) podrían compensar la necesidad de productos pesqueros.

Pero ¿y los consumidores?, ¿qué podemos hacer?. Lamentablemente, como podemos constatar en cualquier ámbito, el poder de la ciudadanía se diluye cada día en ese entramado mercantil y de intereses que dirige el mundo. No obstante todavía hay una carta que jugar, nuestro poder como consumidores.

Respecto a la pesca y centrándonos en nuestro país, podemos establecer una serie de recomendaciones que nos ayuden a asegurar un consumo sostenible de productos pesqueros, entre otras:

– Consumir productos que acrediten su origen. Preferentemente buscaremos productos pesqueros nacionales y de pesquerías que acrediten que obtienen sus capturas de una manera sostenible (todavía mucha gente no sabe interpretar el código de colores que obligatoriamente debe identificar al pescado según su origen).

A este respecto, cada vez es más complicado informarse acerca del origen de los productos y de cómo han sido producidos o en este caso, pescados. A este respecto existen ciertas certificaciones que acreditan que los productos/empresas que las consiguen cumplen una serie de condiciones que aseguran la sostenibilidad del sector.

Certificados como “MSC” o “Delfines a salvo”, son ejemplos de éstas. No obstante estas certificaciones no están exentas de polémica respecto a los criterios utilizados y la validez de sus certificados. De todas formas es necesario exigir información, hablar con nuestros proveedores e informarnos de dónde viene el pescado que consumimos y cómo se ha pescado.

Interesante el proyecto de fish2fork una web que analiza el comportamiento de los restaurantes en base a la sostenibilidad del pescado que ofrecen.

– Priorizar el consumo de pescado fresco para asegurar su carácter local (o al menos nacional).

– Priorizar el consumo de especies locales y tradicionales para el mantenimiento de la pesca tradicional y sostenible.

– Evitar el consumo de especies en peligro o seriamente diezmadas.

– Consumir siguiendo las recomendaciones en cuanto a estacionalidad de los productos.

– Fomentar aquellas empresas de distribución alimentaria que apuesten por políticas de compra sostenible de pescado.

Quizá con estas medidas podremos contribuir a hacer sostenible esta actividad.

Más información en:

http://www.mrgoodfish.com

http://www.msc.org

http://europa.eu/index_es.htm

http://eu.oceana.org/es

 

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