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Estamos viviendo tiempos convulsos. A la crisis sanitaria provocada por la pandemia de Coronavirus, se une una crisis ambiental evidenciada por el cambio climático, una crisis energética provocada por el aumento de precio de los combustibles fósiles (provocada a su vez por su declive) y todo ello aderezado por una crisis económica sin precedentes resultado de la suma de las anteriores crisis y de otras causas que venimos arrastrando desde 2008.

En este contexto, la alimentación y más concretamente, la producción de alimentos (agricultura, ganadería e industria agro-alimentaria), se encuentra en una encrucijada. Sintetizando. Tenemos la necesidad de alimentar a más de 6000 millones de habitantes del planeta en un contexto de crisis ambiental, sanitaria y energética…no parece un reto fácil precisamente.

La llamada revolución verde de los años 60 del anterior siglo nos permitió disponer de una batería de insumos químicos de síntesis disponible para utilizar en el ámbito agro-alimentario. La sintetización de los 3 elementos básicos que permiten a las plantas desarrollarse, Nitrógeno, Fósforo y Potasio (el famoso trío N,P,K) permitió a la agricultura desarrollarse hasta límites impensables, aumentando la producción de cosechas y desligando la agricultura de la ganadería al no ser imprescindible ya la aportación del estiércol animal para el abonado de las tierras de cultivo. La ganadería a su vez, pasó de estar condicionada por la disponibilidad de pastos y recursos locales a poder depender de recursos externos fácilmente transportables incluso entre continentes. No olvidemos que la gran parte de los cultivos de grano (soja, maíz, trigo y cebada) del mundo son utilizados en elaborar piensos para alimentación animal. Estos cultivos son realizados a costa de la deforestación de amplias zonas, alguna de ellas de especial valor ecológico como la Amazonia y las selvas del Indico.

En resumen, la producción de alimentos tal como se hace actualmente tiene una batería de impactos realmente aterradora. Entre otros.

  • Generación de gases de efecto invernadero procedentes de la fabricación de fertilizantes y de plaguicidas
  • Generación de gases de efecto invernadero por la utilización de maquinaria pesada en la mayoría de las labores necesarias
  • Generación de gases de efecto invernadero en el transporte de las materias primas y el producto elaborado hasta los centros de consumo
  • Deforestación
  • Contaminación de acuíferos por la lixiviación de los productos químicos utilizados en el cultivo y por los nitratos procedentes de las deposiciones animales
  • Pérdida de suelo cultivable por la erosión
  • Desplazamiento de comunidades nativas ante la presión de la agro-industria
  • Zoonosis provocadas por el modelo de ganadería industrial (gripe aviar, peste porcina, etc)

Esta batería de impactos hace muy difícil la consecución de los objetivos de descarbonización de la economía con lo que a su vez se hace muy difícil limitar los objetivos de limitación de calentamiento de la atmósfera que provoca e cambio climático y que recordemos puede hacer inviable el cultivo de alimentos en nuestro planeta.

Si esto no fuera aún determinante, nos enfrentamos a un reto aún mayor que es el progresivo declive de los combustibles fósiles (especialmente gas natural utilizado en la sintetización del Nitrógeno y gas-oil, utilizado masivamente para el funcionamiento de maquinaria agrícola y transporte).

Los efectos del encarecimiento progresivo de estos combustibles lo estamos viendo claramente en la factura de la luz y lo veremos próximamente en el encarecimiento de los productos de alimentación (materias primas más caras de producir y transportar, energía más cara para producir, etc). Especialmente preocupante es el tema de la fabricación de fertilizantes que está viéndose seriamente amenazada por el aumento del precio del gas natural).

En estas circunstancias, ¿podemos asegurar una producción adecuada de alimentos?

En el mejor de los casos nos vamos a tener que enfrentar a un cambio climático con consecuencias cada vez más desastrosas y a los retos de proporcionar alimentos a la creciente población mundial en un escenario de declive de la energía disponible….muy halagüeño no suena ¿verdad?.

En este punto me gustaría puntualizar que la famosa transición energética a fuentes renovables es inviable con los actuales niveles de consumo de energía que tenemos. Podríamos, en el mejor de los casos, convertir a renovables la energía eléctrica disponible y con eso solamente sustituiríamos un 20% de la energía primaria consumida.

¿Cuál es el futuro de la alimentación en este contexto?

A corto plazo:

  • Encarecimiento de los productos de alimentación
  • Inviabilidad del futuro inmediato de muchos negocios
  • Dificultad en parte de la población de llevar una adecuada alimentación

A medio plazo:

  • Desabastecimiento de muchos productos (empezando por los productos traídos desde grandes distancias)
  • Aumento del paro y conflictividad laboral y social
  • Cambio en la estructura de cultivos y producción ganadera con re-localización de cultivos y cambio de una ganadería intensiva a otra extensiva.

A largo plazo:

  • Hambrunas
  • Disturbios
  • Colapso del sistema

¿Qué podemos hacer?. Al margen que, bajo mi punto de vista, la única solución disponible sería la de un decrecimiento planificado y justo, hay algunas actuaciones que deberíamos poner en marcha ya:

  • Re-fertilización de los suelos agrícolas con prácticas agro-ecológicas compatibles con la escasez de combustibles fósiles (agricultura y ganadería regenerativa, agro-ecología, permacultura, etc).
  • Apuesta por los sistemas agro-ganaderos. Volver a unir agricultura y ganadería cerrando los ciclos
  • Cambio en los hábitos de consumo y en la dieta. Más protagonismo de las frutas, verduras y legumbres de cercanía y temporada y menos de carne, procesados y de productos importados.
  • Redistribución de la población en el territorio. La re-localización de la producción precisará de más gente dedicada al sector primario.
  • Impulso del tren electrificado como medio de transporte de mercancías.

Los retos son formidables pero aún estamos a tiempo de trabajar por nuestro futuro.

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